11 agosto 2007

Caminando


Te veo mirarme por última vez. Te veo dándome la espalda. Cuento cada uno de tus pasos alejádose de mi, esos pasos que dejan en pedazos mi corazón. Uno... dos... tres, cinco pasos.

Caminas con la cabeza gacha, con las manos en los bolsillos. Cada vez más lento, como arrepintiéndote, como si no supieras hacia donde vas, como si no quisieras dejar todo atrás. Diez pasos. Tu tamaño disminuye con cada paso nuevo que das. Te veo cruzar la calle y detenerte. Junto contigo se detiene mi corazón.

Pienso que tal vez estaba equivocada. Pienso que talvéz estaba pensando demasiado y sientiendo poco. Pienso que me quedé pegada en el pasado, y que tu seguiste avanzando sin mi, y cuando ya nos alejamos mucho... era imposible volver a juntarnos. Pienso que si te das vuelta sería capaz de correr lo más rápido posible. Pienso que si te das vuelta podría darte un beso, uno eterno. Pienso que si te das vuelta y vuelvo a ver tus ojos podríamos intentarlo de nuevo.

Pienso que no quiero perderte. Pienso que nuestra historia es demasiado intensa como para dejarla ir. Pienso que todo tiene solución, incluso si no la vemos a simple vista... está ahi. Pienso que sólo basta tener fé para creer que de verdad las cosas van a funcionar. Pienso que talvéz dejé de tener fé... y que por eso te vas. Un nudo en mi garganta, una lágrima cae por mi mejilla. ¿Será éste el final? ¿Si sigues caminando te irás para siempre? ¿Y si no vuelvo a sentir tus besos otra vez, tus manos abrazándome? Pienso que aún te amo y que me equivoqué. Pienso que lo eres todo para mi. Pienso que te necesito.

Quiero llamarte. Quiero pedirte que te detengas. Pero no puedo hablar, no puedo casi respirar. Con cada paso que das se borra cada momento vivido y da paso a la soledad.

Pero te detuviste. Te veo darte vuelta lentamente y te veo caminar hacia mi. Hay una lágrima en tu mejilla, esa que no pudiste evitar que callera. Te veo caminando de frente. Te veo acercarte. Uno, dos y tres pasos. Te veo cruzar la calle. Te veo cada vez más grande. Llegas a mi lado. Te amo me dices, podemos solucionar esto. Sí, te digo yo, siempre podremos.

13 febrero 2007

Semblanza de Humano

Perdí la oreja izquierda de un mordisco, peleando con otro humano, creo. Pero por la delgada ranura que quedó, oigo claramente los ruidos del mundo. También veo las cosas, aunque al sesgo y con dificultad. Pues, aunque al primer golpe de vista no lo parezca, esa protuberancia azulina, a la izquierda de mi boca, es un ojo. Que esté allí, funcionando, capturando las formas y los colores, es un prodigio de la ciencia médica, un testimonio del progreso extraordinario que caracteriza al tiempo en que vivimos. Yo debía de estar condenado a perpetua oscuridad, desde el gran incendio -no recuerdo si provocado por un bombardeo o un atentado- en el que todos los sobrevivientes quedaron privados de la vista y el pelo, a causa de los óxidos. Tuve la suerte de perder sólo un ojo; el otro fue salvado por los oftalmólogos luego de dieciseís intervenciones. Carece de párpados y lagrimea con frecuencia, pero me permite distraerme viendo la televisión, y, sobre todo, detectar rápidamente la aparición del enemigo.

El cubo de vidrio donde estoy es mi casa. Veo a través de sus paredes pero nadie puede verme desde el exterior: un sistema muy conveniente para la seguridad del hogar, en esta época de tremendas asechanzas. Los vidrios de mi morada son, claro está, antibalas, antigérmenes, antirradiaciones e insonoros. Están siempre perfumados con un olor a sobaco y almizcle que a mí -ya sé que sólo a mí- me deleita.

Tengo un olfato muy desarrollado y es por la nariz por donde más gozo y sufro. ¿Debo llamar nariz a este órgano membranoso y gigante que registra todos los olores, aún los más sutiles? Me refiero al bulto grisáceo, con costras blancas, que empieza a la altura de mi boca y baja, creciendo, hasta mi cuello de toro. No, no es la hinchazón del bocio ni una manzana de Adán inflada por la acromegalia. Es mi nariz. Sé que no es bella ni útil, pues su excesiva sensibilidad la torna un indescriptible tormento cuando se pudre una rata en la vecindad o pasan materias fétidas por las cañerías que atraviesan mi hogar. Aun así, yo la venero y a veces pienso que mi nariz es el aposento de mi alma.

No tengo brazos ni piernas pero mis cuatro muñones están bien cicatrizados y endurecidos, de modo que puedo desplazarme por tierra con facilidad y aun a la carrera si hace falta. Mis enemigos no han logrado darme alcance hasta ahora en ninguna de las persecuciones. ¿Cómo perdí las manos y los pies? Un accidente de trabajo, tal vez; o, acaso, un medicamento que engulló mi madre para tener un embarazo benigno (la ciencia no acierta en todos los casos, por desgracia).

Mi sexo está intacto. Puedo hacer el amor a condición de que el mozalbete o la hembra que hace de partenaire me permita acomodarme de tal manera que mis forúnculos no rocen su cuerpo, pues, si revientan, mana de ellos el pus hediondo y padezco dolores atroces. Me gusta fornicar y, en cierto sentido, diría que soy voluptuoso. Es verdad que, a menudo, experimento fiascos o la humillante eyaculación precoz. Pero, otras veces, tengo orgasmos prolongados y repetidos que me dan la sensación de ser aéreo y radiante como el arcángel Gabriel. La repugnancia que inspiro a mis amantes se troca en atracción, e incluso en delirio, una vez que -con ayuda del alcohol o la droga casi siempre- vencen la prevención inicial y aceptan trenzarse conmigo sobre una cama. Las mujeres llegan a amarme, incluso, y los chicos a enviciarse con mi fealdad. En el fondo de su alma, a la bella la fascinó siempre la bestia, como recuerdan tantas fábulas y mitologías, y es raro que en el corazón de un apuesto jovenzuelo no anide algo perverso. Nunca lamentó alguno de mis amantes haberlo sido. Ellos y ellas me agradecen haberlos instruido en las refinadas combinaciones de lo horrible y el deseo para causar placer. Conmigo aprendieron que todo es y puede ser erógeno y que, asociada al amor, la función orgánica más vil, incluidas aquellas del bajo vientre, se espiritualiza y ennoblece. La danza de los gerundios que conmigo bailan -eructando, orinando, defecando- los acompaña después como un melancólico recuerdo de los tiempos idos, ese descenso a la mugre (algo que a todos tienta y que tan pocos osan emprender), que hicieron en mi compañía.

Mi mayor fuente de orgullo es mi boca. No es verdad que esté abierta de par en par porque aúllo de desesperación. La tengo así para mostrar mis blancos y filudos dientes. ¿No los envidiaría cualquiera? Apenas si me faltan dos o tres. Los demás se conservan firmes y carniceros. Si es necesario, trituran piedras. Pero prefieren cebarse sobre pechugas y nalgas de terneras, incrustarse en tetillas y muslos de gallinas y capones o gargantas de pajarillos. Comer carne es un prerrogativa de los dioses.

No soy desdichado ni quiero que me compadezcan. Soy como soy y eso me basta. Saber que otros están peor es un gran consuelo, por supuesto. Es posible que Dios exista, pero eso, a estas alturas de la historia, con todo lo que nos ha pasado ¿tiene alguna importancia? ¿Qué el mundo acaso pudo ser mejor de lo que es? Si, acaso, pero ¿para qué preguntárselo? He sobrevivido y, a pesar de las apariencias, formo parte de la raza humana.
Mírame bien, amor mío. Reconóceme, reconócete.

Mario Vargas Llosa
"Elogio a la Madrastra"

06 noviembre 2006

¿El Gran Mito?

Si pensamos en todos los mitos y leyendas que existen probablemente no terminaríamos nunca. ¿Por qué a lo largo de la historia de la humanidad se habrán creado tantos mitos? Mitos y leyendas nacionales, universales, que han atravesado décadas, siglos, y siguen intáctos, y suigen en el inconciente colectivo de todos nosotros. Pero quizás EL mito de todos los tiempos, a mi parecer, es el mito de la creación y para ser más generales EL MITO de Dios.

Debo advertir a todos aquellos creyentes que pasen por esta página, y quien sabe, hayan comenzado a leer esto, que tal vez no debieran seguir leyendo, porque puede que mis palabras les resulten un tanto molestas. Pero no es mi intención agradar a todo el mundo, sino plasmar en palabras todas aquellas cosas que dan vuelta por mi cabeza.


Ya dicho esto, continúo.

¿Por qué surge la necesitad al ser humano de inventar tales mitos? Porque tenemos miedo. Porque a lo largo de la historia de la humanidad, han surgido una serie de preguntas; algunas tenían respuestas, otras no. Éstas preguntas sin respuesta son las que dan miedo. Necesitamos como raza tal vez, tener una respuesta a todo; porque si la tenemos... tenemos el control. ¿Cómo se creó el universo? ¿Cómo se crearon los planetas? ¿Cómo se crearon las plantas y animales y toda aquella perfección que nos rodea? ¿Cómo nos creamos nosotros y todas las criaturas que habitan este planeta?

Ninguna de estas preguntas tenía respuesta.

Y a la gente le dio miedo. Miraba el cielo, y era de una infinidad tan grande que daba miedo mirarla. Y se preguntaba y decía que debía haber alguna fuerza creadora perfecta que fuera capaz de crear las estrellas, los cielos, los mares, el sol, las flores. Todo lo grande que era el mundo. Y de ese miedo, ese miedo de que estaban rodeados de una infinidad tan grande, que estaban tan desprotegidos, de esa necesidad de respuestas, de esa necesidad de un ser superior que tuviera la culpa de todo, que tuviera que tomar las decisiones que les daba miedo tomar: nació Dios.

¿Quién es Dios? Él máximo creador. Creó todo lo que conocemos en 6 días y al séptimo descanzó. Nos creó a nosotros, y del hombre sacó una costilla para crear a la mujer (un poco machista el cuento no creen). En fin. Y nació el viejo testamento, y luego vino el Nuevo testamento, que trata del hijo de Dios que vino a darnos la salvación eterna.

Es una bonita historia, pero, como científica que soy a mi no me proporciona ninguna respuesta; no me proporciona seguridad. Yo entiendo porque lo hicieron; es difícil imaginar que todo lo maravilloso que nos rodea no haya sido creado por un ser perfecto, por un acto de magia.. pero a veces las cosas más complejas, a la larga son lo más simple.

Yo conozco otras historias de la creación; las del área de las ciencias. La de las pruebas tangibles y sirven para mi. Como que las primeras células y organismos vivos nacieron en el mar, debido a un cambio en el ambiente, el cuál se hizo más propicio para el desarrollo de la vida. Nacieron las primeras bacterias, los primeras células eucariotas, los primeros microorganismos, los primeros animales marinos, que fueron evolucionando hasta animales terrestres, de los cuales, de algunos de ellos evolucionamos nosotros. ¿Por qué algo nos tiene que haber creado más perfectos que los animales? ¿O de otro material? Si todos somos animales.

Esas historias me convencen, tienen pruebas. Son tangibles. Tal véz no tengo las respuestas a las preguntas por las que la gente se asuta; la gente que cree en Dios tiene esas preguntas ya contestadas; o por lo menos no tiene que preocuparse por contestarlas porque tiene alguien a quien echarle la culpa. ¿Por qué la gente muere? Por que Dios quiere que vayan a su lado... ¿existe vida después de la muerte? Si existe la vida eterna.. existe un cielo y para los que se portaron mal existe un infierno.... el bien y el mal, lo bueno y lo malo.

Y mi teoría se sutenta, la tería de la creación del mito debido al miedo, en que todos y cada uno de los pueblos, civilizaciones o grupos de seres humanos que han habitado la tierra tienen sus dioses, su mito de la creación, su diluvio (que debo decir es una de las cosas que me impresiona de estos mitos, todos los mitos de la creación tienen un diluvio... ahi uno se pregunta, incluso una persona excéptica como yo ¿habrá habido un diluvio de verdad?) Claro que debo reconocer que hay ciertas mitologías que me convencen o que me simpatizan un poco más. Aquellas mitologías que tienen dioses para todos los gustos; un dios malo, un dios bueno, un dios enamoradizo, diosas... muchas diosas!.

En fin... la cosa es que como dije, yo no tengo como responder a esas grandes preguntas que tanto atemorizan. ¿Por qué se muere la gente? ¿Por qué Dios quiere? Y dicen eso y es... como si fuera una respuesta que todo lo solucionara, como si fuera una respuesta que te quitara la pena porque perdiste a aquella persona que querías. ¿Por qué es bueno si se lleva a la gente que uno quiere? Que alguien que crea en Dios que me responda eso. Yo no creo. Lo que si creo y acepto, y puedo vivir con eso es... que asi es la vida. Simplemente es un ciclo que todos debemos que cumplir. ¿Qué si hay vida después de la muerte? No lo se. Si hay, lo sabré cuando me muera. Si no hay, no lo sabré nunca porque cuando muera... todo habrá acabado. El final del camino. Y eso es todo lo que necesitamos saber. Si estamos vivos es para vivirlo ahora, no para pensar que después, cuando estemos muertos vamos a vivir.

Me gustaría que si alguien que cree en Dios, lee esto, me diga porque cree. Sólo eso. Porque le he preguntado a mucha gente y la respuesta ha sido prácticamente: por que si o porque hay que tener fé. ¿Por qué? ¿Por qué sus papás los criaron asi? Por miedo, digo yo, por fé dicen ellos.

La cosa, es que yo creo. Pero creo en lo tangible. En lo que puedo ver, en lo que puedo tocar. Creo en la gente que está a mi lado. En la gente que de verdad puede ayudarte cuando lo necesitas. A ellos les tengo fé. Creo en la gente que quiero, en la gente que me escucha y en la gente que sé que cuando tenga pena, me van a abrazar, me van a decir que todo estará bien y me van a prestar su hombro para llorar.

En eso creo yo.

12 octubre 2006

What is it??


What is it??!!

¿Qué será lo que me hace ver todo negro a mi alrededor? Puede ser que esté estresada; puede ser que me sienta sola; puede ser incluso que esté sola... o puede ser simplemente un capricho mío.

¿Por qué me cuesta tanto averiguar qué es lo que me pasa? ¿Qué es lo que siento? ¿Por qué no puedo ser como esa gente de las teleseries que saben exáctamente lo que sienten y lo que quieren decir; o lo que quieren callar? Probablemente porque mi vida no es un guión que algún guionista haya escrito; es un guión que vamos escribiendo paso a paso, mientras nos equivocamos, mientras nos caemos y nos volvemos a parar, mientras nos enamoramos, mientras nos hieren y mientras nos hacen feliz.

¿O será que sufro de automasoquismo? Lo he pensado varias veces, y me lo estoy empezando a creer, porque a estas alturas es la única respuesta que tengo para mis arranques de extraño disconformismo. ¿Qué es lo que me falta para estar completa? ¿Qué es lo que no tengo y que tanto anhelo? What is it?!! ¿Cuántas veces voy a tener que preguntarme eso?

Automasoquismo, según mi propio concepto, es la incapacidad de soportar la tranquilidad, la paz y la felicidad. ¿Qué acaso no puedo estar tranquila sin inventar un enojo? ¿Sin que me venga una rabia de la nada? ¿Sin que me moleste lo que me dicen? ¿Qué acaso no puedo durar ni un mes contenta? ¿Qué acaso no puedo soportar que ande todo bien en mi vida que tengo que autoinventarme problemas? ¿Autoimaginar engaños? Y lo peor que todos mis inventos me los creo. ¡Por qué!

What is it! ¿Qué es lo que me ha hecho así? ¿Quién me convirtió en esto que soy y que no quiero ser? No quiero ser una persona enrabiada, iracunda... no quieroo! bajo ningún punto de vista. Pero no puedo evitarlo. Me consume, se está convirtiendo en parte de mi ser, en mi forma de relacionarme.

Can anyone help me? A ser feliz de nuevo, sin que la misma felicidad o tranquilidad se vuelva mi enemiga. A no intentar alejarme de la gente. ¿Por qué hago que la gente se aleje de mi? ¿Por qué me pongo pesada con aquellos que siento han estado mucho tiempo conmigo? ¿Miedo a encariñarme demasiado y que después me dejen sola? ¿Miedo a qué? ¿A amar? ¿A mostrarme como soy? ¿A entregarme completamente? ¿A estar bien?

What's happened with my mind?? ¿Quién me tiene amarrada que no me deja avanzar? ¿Qué me hace mirar una y otra vez hacia el pasado, buscando aquellas cosas que ya no tengo? ¿Aquellos momentos que desaparecieron para siempre, y que sólo guardo en mi corazón? What is it!!! ¿Qué es lo que me impide borrar todo el rencor de mi corazón? ¿Qué me imposibilita olvidar todo aquello que me hace daño? What is it!!

No quiero autoechar a perder todo lo bueno que tengo en mi vida; no me dejen hacerlo, por favor.

Creo, que para superar todo lo que me pasa, debo recuperar aquella inocencia infantil, que no se en que momento perdí, que no se cuando me la quitaron; pero la quiero de vuelta. Quiero volver a sonreír constántemente. Quiero dejar de tener un nudo eterno en la garganta; quiero volver a ser niña. A ser la niña inocente que caminaba feliz, sin mirar atrás, con la mirada puesta hacia delante. La niña que se sentía sorprendida por las cosas simples. Quiero mi capacidad de admirar de nuevo. De reír de nuevo. De amar de nuevo. De reirme de las cosas tontas. Dejar de ser tan seria. Dejar mis temores de lado, dejar los rencores de lado, dejar el pasado atrás. Dejar de tener miedo. Dejar la oscuridad. De no perder a nadie más. De no tratar de alejar a la gente de mi...

What is it?!! What can I do with it??



10 octubre 2006

En Silencio


La gente le teme al Silencio. La gente escapa del Silencio. A la gente le da miedo el Silencio. ¿Por qué?

Porque en el Silencio estamos sólos. Con nuestros miedos, con nuestras penas, con nuestras rabias. Con aquellos pensamientos que no queremos pensar. Aquellas ideas que queremos borrar. Aquellos recuerdos que no queremos recordar. Aquellos que surgen sólo cuando estás en Silencio.

Cuando no hay ruido a nuestro alrededor, es cuando pensamos. Y pensar, en Silencio, es peligroso. Porque nos encontramos con nosotros mismos; con quienes realmente somos. No con quien aparentamos ser cuando estamos con otras personas. No la amiga, no la polola, no la hija o la madre o la nieta. Si no que contigo mismo. Con el ser, la persona individual que eres. Sin la máscara que llevamos a diario. Sin la cubierta que nos protege.

En Silencio no queda otra que pensar, que recordar, que soñar. Es inevitable que lleguen palabras a tu cerebro; que tu alma te hable, te susurre, aunque no quieras escucharlo. Que recuerdes que te portaste mal con alguien; que te mintieron, que te hicieron llorar. Que trataste mal a una persona sólo por hacerlo sentir mal, sentir que te equivocaste y que no tienes la fuerza para pedir perdón. Y viene la culpa y la desolación, y las ganas del Ruido. Y prendemos la tele aunque no la estemos viendo; o ponemos la radio aunque no queramos escuchar música. O nos ponemos a escribir en nuestro blog, y a escuchar el sonido de las teclas... pero ya estamos haciendo algo; ya no hay Silencio; ya no estamos solos.

¿Por qué no poder estar un día en silencio? ¿Por qué siempre hay que estar distrayéndose con algo? ¿Siempre hay que estar haciendo algo?

A mi me gusta el Silencio, en algunos casos. Debo admitir que muchas veces escapo de él; me alejo de la soledad implícita que viene junto con el Silencio. Pero me han pasado cosas buenas en Silencio. Me gusta que me mires en Silencio (las miradas dicen más que mil palabras). Un gesto en Silencio es mucho mejor que un te amo hablado. Un beso en Silencio; una caricia en Silencio.

Cuando se ama de verdad, y estás realmente compenetrado con esa persona, se tiene la capacidad de estar en Silencio. La capacidad de mirarse sin hablar, y entender lo que te quiere transmitir el otro. Una sonrisa dice mucho más que un me haces feliz. Un abrazo dice mucho más que un te quiero.

Por eso me gusta estar contigo en Silencio... por eso me gusta cuando me miras en Silencio. Por que en Silencio soy yo.

...Aprendamos a disfrutar del Silencio...


15 agosto 2006

Primera Vez


Estaban ambos tendidos boca arriba sobre la cama, mirando el techo. Sentían la respiración del otro más rápida de lo normal. No se atrevían a mirarse, ni a hablarse. El silencio entre ambos se prolongaba, para ellos, una eternidad.
La habitación estaba oscura, sólo entraba un pequeño haz de luz por debajo de la puerta. El único sonido que se sentía era el del reloj de la mesita de noche y la respiración de la pareja, cada uno siguiendo su propio ritmo y pendiente del del otro.
Ninguno de los dos se atrevía a tomar la iniciativa. Tal vez por miedo a echar a perder el momento, a cometer algún error; tal vez simplemente por miedo. Hasta que por fin él se incorporó, se puso de lado y apoyándose sobre el codo la miró. Ella siguió mirando hacia arriba; su corazón se aceleró al darse cuenta de que él se había movido y que la miraba. "¿Qué pensará de mi?" pensó, sin atreverse a voltear la cabeza y mirarlo. "Eres hermosa" - dijo él. Ella giró el rostro y lo miró. "Te amo" le dijo. Él se acercó y la besó.
Ya había comenzado todo, ya no había vuelta atrás. Para eso estaban en ese cuarto, a oscuras, solos, juntos. Ella se convenció a si misma de que estaba haciendo lo correcto; él se convenció a si mismo de que no le haría daño. Ella todavía era una niña; él ya era un hombre.
Ella cerró los ojos y se dejó llevar. Se dejó arrastrar por sus caricias, por sus besos, por sus susurros, por sus miradas. Él me ama, se dijo. Yo la amo, pensaba él.
Pasó un tiempo, minutos para algunos, horas para ellos, pegados, sintiéndose transportar a otro mundo, con otro aire, con otros ruidos, con otras sensaciones. Solos. Juntos. Unidos. Hasta que el puso sus manos entre sus piernas, y para ella todo se derrumbó. Se asustó. Siguió intentando dejarse llevar por lo que sentía; tal vez ya no sentía nada pero se dejó llevar por lo que quería sentir. Él no se dio cuenta que ella ya no estaba en el mismo mundo que él.
Lágrimas amargas comenzaron a salir de sus ojos. El miedo se apoderó de ella. Trató de vencerlo pero le era imposible; ella era una niña haciendo cosas de grandes ¿o no? El miedo y las dudas comenzaron a amarrarla. De sus ojos salían lágrimas que ella trataba de oprimir pero no podía. Su cuerpo comenzó a temblar; no podía hablar. Estaba lejos de él, ya no estaba en su mismo mundo. Él ya no la miraba a los ojos; ya no le decía que la amaba, él ya no estaba con ella. Solos. Juntos. Separados.
Él volvió a mirarla a la cara. Volvió a mirar sus ojos, y se dio cuenta de las lágrimas que salían de ellos. La miró de frente. La abrazó, le dijo que la amaba. Ella le pidió perdón. Él le dijo, dejémoslo para otra vez. Ella dejó de llorar. Ya estaban de nuevo en el mismo mundo; el mundo de los dos.
Se abrazaron, y se quedaron dormidos uno frente a otro. Ya habrá otra primera vez.



20 julio 2006

¿Medio lleno o medio vacío?

Imaginémonos esta escena, un tanto estúpida por lo demás, pero que he visto innumerables veces: dos personas discutiendo sobre algún tema, y teniendo cerca un vaso a medio llenar. En algún punto de la conversación, uno de los dos dice que el vaso está medio lleno, el otro, que está medio vacío. Talvez sea la conversación más estúpida que puedan escuchar en su vida, pero, como a mi me gusta sacarle el jugo a estas cosas y buscarle interpretaciones... yo digo que tal vez no sea tan estúpida.
Puede referirse a dos tipos de personas: el llamado Optimista (que ve el vaso medio lleno) y el mal ponderado Pesimista (que ve el vaso medio vacío).
Yo me pregunto: ¿en qué categoría estoy metida yo? Porque dependiendo del punto en que se miren las cosas, se puede decidir si tu vida esta medio vacía o medio llena. ¿La mía...? A veces llena hasta el tope y otras tantas completamente vacía... ¿podría servirme verla siempre medio llena?
Podría servir ignorar las cosas malas, dejarlas pasar, olvidarlas. Juntar en la memoria sólo aquellas cosas y recuerdos que nos hacen feliz. ¿Pero se puede ser feliz sólo gracias a aquellos recuerdos? ¿Se puede ser feliz imaginando como va a ser nuestro futuro? ¿Y si ese futuro no llega, y en vez de medio lleno nos damos cuenta que se va vaciando de a poco? ¿Qué se necesita para verlo todo medio lleno? Para decir... no me importa que talvez las cosas no salgan como yo quiero en este momento, porque tarde o temprano se van a arreglar, ¿quién me asegura eso?
¿Por qué es tan difícil olvidar aquellas cosas que nos hicieron daño? Porque se clavan como espinas en el alma, y a menos que llegue alguien y te las quite, se quedan ahi para siempre. Pero no seamos tan drásticos, a veces una siemple conversación sana muchas heridas; el saber que hay gente que siempre está para escucharte y para mostrarte que no todo es tan malo, que todo pasa, que todo pasará.
¿Se aprende a ser feliz o es algo que llega sólo? ¿Tengo que buscarlo o simplemente me lo van a regalar? ¿Por qué a veces pienso que quieren arrebatármelo?
¿Medio lleno o medio vacío? Medio lleno talvez es soñar demasiado, es querer mucho. Medio vacío talvez es añorar el pasado, añorar lo que no tienes, quedarse pegado en aquello que perdiste, en aquello que te dolió, en aquellas veces que te hicieron llorar, en aquellos momentos que viviste y que sientes que no volverás a vivir, en aquella gente que te olvidó, en cuando te dejaron solo. Creo que yo prefiero el medio lleno. Espero que la vida, que la gente que está a mi alrededor, que incluso yo misma, me ayuden a verlo todo medio lleno. Para dejar de mirar para atrás, para mirar hacia el frente y pensar que muchas cosas buenas me esperan. Que no todo eso se quedó atrás. Que tal vez hay gente que me olvidó, pero que también hay gente nueva que llegó y que yo sé no me va a olvidar. De cada uno depende...

"Al final llegaré donde me lleven los pies y si quieres conocerme no me observes... mirame"