30 diciembre 2008

El Perfume - Patrick Süskind


"En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Se llamaba Jean-Baptiste Grenouille. Desde su nacimiento, Grenouille descubre y percibe el mundo a través del sentido del olfato, que tiene más desarrollado que el resto de las personas. Éstas, a su vez, encuentran inquietante la falta en Grenouille de un olor propio.
Desde niño siente una obsesión especial para con los olores que le rodean y su atención se centra en aprender el arte de la elaboración de perfumes. Durante este viaje llega a la conclusión que por muy impactante que sea un perfume, no es del todo real. Descubre, por casualidad un olor distinto al resto. Siguiendole el rastro se da cuenta que jóvenes virginales y hermosas tienen un olor puro, distinto al resto de las personas; aquí es donde nace el asesino. Mata a jóvenes hermosas, luego con su piel y cabellera obtiene la escencia de ellas y las guarda para así crear el perfume más espectacular de todos."

Leí este libro hace bastante tiempo atrás, por lo menos 5 años. Debo admitir que no lo encontré especialmente entretenido y, al momento de leerlo no significó nada para mi. Sólo después de unos meses de haberlo leído comencé a reflexionar y a verlo desde otro punto de vista, buscándole una connotación más profunda, casi filosófica o descabellada incluso.Y es que me hizo pensar en aquello que muchos hemos dicho al menos una vez: "me cae mal d
e presencia". ¿A qué se debe esta empatía entre personas que no se conocen, que nunca han tenido ningún tipo de relación, que nunca han hablado siquiera, pero que cuando se encuentran se agradan o chocan de inmediato?. ¿A quién no le ha pasado que sin conocer a alguien te pones una barrera entre tú y esa persona? O en el caso contrario, a quién no le ha pasado que conoce a alguien y congenia inmediatamente con esa persona. ¿A qué se debe esto?

Alguien podría preguntarse que tiene que ver todo esto con el libro, y yo pienso que la loca respuesta a esta loca pregunta surgió de haber leído este libro, que por lo demás recomiendo leer, con paciencia si (a los menos pacientes les recomiendo la película que es bastante fidedigna y además mucho más entretenida). El libro trata, dejando de lado la historia del asesino, de una persona (el protagonista) sin olor propio, el cuál, se da cuenta que pasa desapercibido, que es totalmente invisible para el resto de las personas y ¿por qué?, porque no tiene olor. Y el mismo que cuando se pone un perfume hecho con los más esquisitos aromas es querido y adorado por todos, y es capaz de provocar incluso el llanto de quienes le rodean.

Así que diciendo esto, mi alocada y descabellada idea es la siguiente.

Todos tenemos un olor que es único y particular. No hablo de un olor perceptible fácilmente. Hablo de un olor imperceptible para el olfato humano (de forma consciente), pero que si es capaz de ser percibido (inconscientemente), de cierta forma por nuestro organismo; ¿por el cerebro quizas?. Es este olor particular e imperceptible que desarrolla un vínculo (o lo bloquea), entre dos personas que se conocen por primera vez. Es éste estímulo inconsciente el que determina que una persona te sea agradable, sin siquiera conocerla, y que seas capaz de entenderte con una persona prácticamente de inmediato. Es este olor, que reconocemos inconscientemente en personas, animales, objetos, etc... que nos hacen sentirnos atraídos hacia ellos de una manera casi mágica.

La siguiente pregunta que me hago es, ¿será el amor el resultado de este misterioso y único olor?. ¿Será que la atracción física entre dos personas obedece a este tipo primitivo de contacto?. No se puede descartar del todo, pués los animales se comunican con el resto de sus congéneres mediantes señales olfativas a través de las llamadas feromonas, las cuales son percibidas por un órgano de gran desarrollo en los animales (el órgano vomeronasal). Si bien esta estructura está poco desarrollado en los seres humanos (animales por lo demás y para todos los ignorantes o arrogantes que separan la raza humana del resto de los animales, permítanme decirles que pertenecemos todos al reino animal), es posible que siga un funcionamiento remanente. Y a esto me refiero a que probablemente somos capaces de percibir estas feromonas pero sin darnos cuenta de ello, y además quedando todo el comportamiento primitivo propio de los animales, oculto por todo el comportamiento social y cultural desarrollado a través de siglos. Pero es posible que congeniemos con alguien, nos enamoremos de alguien, nos llevemos bien con alguien, o le caigamos mal de "piel" a alguien todo debido a este olor personal, que podríamos decir se trata de un tipo especial de feromona. En fin, esa es mi descabellada idea.

De todas maneras el porqué a veces es tan fácil entablar conversación con una persona y no con otras, o porque te entiendes con una persona prácticamente como si la conocieras desde hace años, es y seguirá siendo un gran misterio. Se puede analizar y reflexionar mucho al respecto, pero como todo pensamiento filosófico alguien puede compartirlo o revatirlo de la misma válida manera. Me lleva a pensar un poco también, en la idea de las almas gemelas (recordando un fragmento del Banquete de Platón, que analizaré más adelante, cuando logre encontrarlo completo), que podría ser o no cierto, pero tiendo a cuestionarlo por las pocas veces que me he topado con personas tan parecidas a mi que llega a dar miedo. Es casi como si sintieras que estás frente a un fragmento de tu personalidad que se te había perdido y que ahora que lo encontraste estás completo nuevamente. Mi opinión es que los buenos amigos, los familiares más ceranos y amados, y aquella persona que se roba tu corazón completan de cierta forma a tu propio ser, haciéndote una persona más feliz, más plena. ¿Será por que todos ellos tienen un olor primitivo imperceptible, que tu órgano vomeronasal es capaz de captar y manda señales a tu cerebro que indican que aquellas personas son de cierta manera especiales y distintas al resto?. Tal vez si; tal vez no. Imposible de saber.

Independiente de la razón de porqué ocurren este tipo de interacciones entre personas, puedo decir que actualmente después de mucho buscar, sin haberme dado cuenta de lo cerca que ha estado, he encontrado una persona que me completa, que me entiende sin palabras y que sin quererlo me ilumina mi mundo y mi vida. Sólo bastó una sonrisa, un abrazo y un beso. Es todo lo que necesito. ¿Será mi alma gemela?. Tal vez no pero es lo más parecido a una.

28 diciembre 2008

Mente en Blanco


Hace algunos años atrás, me bastaban sólo unos pocos preparativos para escribir: un lugar cómodo, un cuaderno y un lápiz. Nada más. Ahora, en cambio, cuando me dan ganas de escribir, me siento frente al computador (ahora estoy más moderna), y prácticamente le tengo que pedir por favor a mi cerebro, para que piense en algo interesante; y como se aprecia por estas líneas... nada se le ocurre.

Me pregunto a que se debe la falta de ideas, o la falta de palabras. ¿Pérdida de curiosidad juvenil?. ¿Pérdida de mi capacidad artística? O, tal vez muchos años fuera del colegio, en donde estaba constantemente escribiendo: cuentos, ensayos, cartas y demases. ¿O será que las palabras son limitadas, y ya gasté todas las mías?.

Porque pensándolo bien, ¿sobre que puedo escribir?. ¿Sobre mi?. No. Muy aburrido, y probablemente poco interesante. ¿Sobre lo que pienso?. Probablemente sea una mejor opción pero en vacaciones no pienso mucho y durante el año sólo puedo pensar acerca de cosas de la universidad. Es como si hubiera colgado mi cerebro, o lo hubiera guardado en una caja fuerte, pero ahora no lo puedo recuperar. Pero es de esas cajas fuerte con contraseña, de manera que en algún momento podré extraer mi cerebro lleno de ideas, como ha estado siempre. Y tal vez, sólo tal vez, volver a llenar cuadernos enteros.

Ya he escrito tres párrafos y aún no se que escribir. Es curioso, pero estoy escribiendo sobre el no poder escribir. Escribo sobre no tener nada que escribir. Parece una contradicción de las peores, porque aunque no tenga qué escribir escribo igual. Me pregunto como lo harán los grandes escritores de novelas, de esos (como el maestro Stephen King), que escriben un libro, y bueno, al año. ¿Será que tienen ellos todas las ideas?. Será que éstas han sido repartidas en algún momento, y a mi me tocó un número limitado?

Me hace falta detenerme a pensar, mirar a mi entorno. Me hace falta reactivar mi creatividad, perdida entre tanto estudio, tanta rutina, tanta rapidez. No encuentro el tiempo para detenerme y reflexionar sobre lo que sucede a mi alrededor. Porque el reflexionar no es algo netamente productivo. Pero de cierta manera lo estoy haciendo ahora, de alguna manera recuerdo los primeros tres dígitos de la contraseña de la caja fuerte, pero ¿recordaré el resto?.

Me acuerdo que, si bien mi inclinación es más bien científica y no humanista, esta última rama siempre me ha resultado relativamente sencilla. Y es que me encanta leer, y escribir. En el colegio, uno de mis ramos favoritos era lenguaje. Pero básicamente por la forma en que me enseñaban. Me acuerdo que el libro de texto, eran puras historias. Era leer, leer y leer. Y las pruebas consistían en ensayos acerca de lo que habíamos entendido del libro. Nada mejor para mi. Leía el enunciado, agarraba el lápiz y listo; se escribía sólo. Casi como si hubiera un pequeño duende dentro de mi oído dictándomelo todo. Eso perdí. A mi duende. Ya no tengo la capacidad de tomar un lápiz (el teclado en este caso) y sentarme a escribir, casi sin pensar lo que estoy haciendo. Casi de forma mecánica, casi como si mi mano se moviera sola.

Espero recuperar a mi pequeño duendecito, aquel que me dicta cuentos, pensamientos, secretos, inventos. Aquel que me permite rescatar párrafos de libros, marcarlos y después atesorarlos en mi memoria. Aquel que me permite llenar mis cuadernos de letras de canciones, de pequeños poemas, y de frases.

Aquel que se llevó mi creatividad. Pero no completamente.